Consumo 06/05/2021

Estemos Abiertos: Original campaña de Coca-Cola y la Unión Kiosqueros de la República Argentina (UKRA)

Luego de la inversión de $770 millones en ayuda económica, comercial y de provisión de materiales de seguridad, la nueva propuesta de Coca-Cola Argentina es ofrecer, de la mano de la Unión Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) un refuerzo en las medidas de cuidado para los comerciantes y sus clientes.

"Esta es la zona crítica", advierte mirando a su alrededor Adrián Palacios, Presidente de la Unión Kiosqueros de la República Argentina (UKRA). Está parado en el medio de la Plaza del Congreso, uno de los rincones de la Ciudad de Buenos Aires que en marzo de 2020 más sufrió la transformación que produjo la pandemia. De estar entre los barrios más concurridos de la capital argentina se convirtió, de un tirón y sin aviso, en un desierto: la suspensión de actividades, la generalización del home office y otras medidas que se tomaron para tratar de contener el avance de la pandemia determinaron que para muchas personas desapareciera la exigencia de viajar al centro y caminar por esas calles repletas de oficinas y dependencias públicas. Excepto, claro, para los kiosqueros; ellos no tuvieron teletrabajo posible, así que debieron reinventarse o adaptarse hasta que pasara el temporal. Con todo lo que eso implica.

A un año de aquel cimbronazo, y mientras la actividad intenta de a poco dejar los números rojos atrás, Adrián recorrió el centro y microcentro porteños acompañado por Journey para llevar a los kioscos una nueva tanda de material preventivo. En esta ocasión, de la mano de Coca-Cola Argentina se entregaron señales para colocar en el piso, de manera de marcar la distancia necesaria entre cliente y cliente para prevenir la posibilidad de contagios. También cartelería con las medidas sanitarias esenciales a respetar (uso obligatorio de tapabocas al ingresar al local, mantenimiento de al menos dos metros de distancia entre personas, aplicación de alcohol en gel), y un espacio para anunciar datos específicos sobre el funcionamiento del kiosco, como horarios de atención y vía de contacto para realizar pedidos de manera virtual. La iniciativa se enmarca dentro del programa Estemos Abiertos, que aportó una inversión de $770 millones para reactivar un sector golpeado por la crisis del coronavirus.

"Es otra manera de seguir protegiéndonos entre todos y para salir adelante de esta crisis manteniendo las fuentes laborales de los kiosqueros", destacó Adrián, que inició el periplo en el comercio de la esquina de avenida Rivadavia y Rodríguez Peña. "Son ayudas que benefician mucho nuestro trabajo, por ejemplo para que no se produzcan aglomeraciones dentro del local", agradeció Agustín Altman Rodríguez, uno de sus dueños.

"No debemos descuidar esa cuota de responsabilidad para con nuestros clientes. Es un nuevo aporte para no bajar la guardia", aseguró por su parte Percy Flores Pantoja, dueño de un kiosco-almacén con vista al Teatro Colón, ubicado en Carlos Pellegrini al 700. Muy cerca de allí, en la puerta de su comercio sobre la calle Suipacha, Fernando Marco coincidió con sus colegas: "Es una ayuda muy útil para insistir con los cuidados, porque ya sabemos que la pandemia va a durar mucho tiempo".

Un sector que quiere salir adelante

Con Estemos Abiertos, Coca-Cola apoyó la reactivación de kioscos y almacenes brindando ayuda económica y comercial a 25.000 kioscos y almacenes argentinos afectados por la pandemia. La decisión no fue casual: estos comercios, que implican el principal ingreso para muchas familias, representan el 90% de los 264.000 clientes de la Compañía en el país. Y forman parte de una extensa cadena de valor que emplea a más de 174.000 personas de manera directa e indirecta e incluye, entre otros, a productores agropecuarios, choferes, operarios, repositores y almaceneros.

"El llamado de Coca-Cola llegó en el momento justo, cuando nos plantéabamos si era hora de abandonar el barco", confesó Percy, que igual que Daniel, un kiosquero de Isidro Casanova, aprovechó el aporte económico no reembolsable que recibió de la Compañía para reponer mercadería luego de meses muy complicados, que incluyeron largos períodos con las persianas bajas y una incertidumbre que les quitaba el sueño. "Cuando pudimos abrir no había nadie en la calle, así que los productos se nos fueron venciendo y no teníamos ingresos para reabastecernos", graficó por su parte Claudio Páez, dueño de un comercio en Rivadavia y Yapeyú, Almagro.

Esos días, que también obligaron a Kaly Simons a abrir su kiosco incluso los domingos, por más que por Paraná al 700 casi no había movimiento, parecen haber quedado atrás. En aquel entones toda venta sumaba para cubrir al menos los gastos de mantenimiento de un comercio en jaque. "En ese momento pude sostener el negocio gracias a la ayuda de Coca-Cola y hoy, aunque la situación no volvió a los números de antes, al menos mejoró muchísimo", dijo. Y contó sonriente que este domingo, sin ir más lejos, la que se queda en casa es ella.

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