Sociedad 04/04/2021

Presos solidarios: las obras que hicieron reclusos de San Martín en la pandemia

Internos de una cárcel del partido fabricaron y donaron muebles para un merendero local. El año pasado, los detenidos en otra Unidad del distrito elaboraron barbijos que distribuyó el Padre Pepe.

Dos iniciativas solidarias, en un contexto muy especial y que, además, se transforman en herramientas de inserción social. De eso se trata lo que ocurrió en dos cárceles de San Martín. En una de ellas, el mes pasado los reclusos fabricaron y donaron muebles para un merendero local. Este hecho tenía un antecedente también digno de destacar: en otra Unidad del partido, el año pasado los presos confeccionaron barbijos que entregaron a vecinos de asentamientos de José León Suárez, para colaborar en la lucha contra la pandemia del Covid-19.

Los detenidos en la Unidad 47 del Servicio Penitenciario Bonaerense son quienes produjeron y donaron mobiliario para el merendero 'Gotita de cielo', de José León Suárez. Además, transcribieron cuentos a Braille para la institución 'Fátima', de Béccar.

La experiencia se desarrolló en el marco del programa 'Más trabajo, menos reincidencia' impulsado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia. Mujeres y hombres alojados en esa cárcel se capacitaron en oficios para poder llevar a cabo las actividades solidarias y de inclusión socio-laboral.

Las mesas, bancos, pizarrón, perchero, estantería y el cartel con el nombre del merendero fueron hechos por seis internos que participan del 'Taller de integración eco-social', que en el área de carpintería trabajan con madera y material reciclado.


Ese proyecto se lleva adelante junto con la fundación 'Comprometerse más', la cual proporcionó materia prima y maquinaria para el funcionamiento del espacio. El taller funciona en turnos mañana y tarde en el sector Tratamiento de la cárcel, y la capacitación está a cargo de Pablo, uno de los privados de libertad, acompañado por otros dos internos.

En este taller, que se inició en febrero, realizan tareas como medir y marcar, cortar, cepillar, tallar y desbastar, perforar, ensamblar, lijar y barnizar la madera. En tanto, el cartel con el nombre del merendero lo pintaron Javier y Brenda, del espacio de arte del penal.

La producción fue donada al centro comunitario 'Gotita de Cielo', ubicado en el barrio La Cárcova, de José León Suárez, al que asisten actualmente unos 30 niños y niñas a tomar la merienda.

María, la encargada del merendero, destacó 'la ayuda' que les dieron. Explicó: 'Son importantes las mesas, los bancos y todas las cosas que nos donaron. Les agradezco mucho a todos los muchachos que lo hicieron y que tuvieron la voluntad de ayudarnos'.

Por su parte, el material didáctico y cuentos en sistema Braille fue donado para niños, jóvenes y adultos que concurren a la institución 'Fátima' (de Béccar, en el partido de San Isidro), que trabaja con personas con sordo-ceguera y discapacidad múltiple.

En el taller de Braille, que funciona en la Sala de Informática de la escuela del penal, seis internas y un interno lograron esta tarea que consiste en transcripción con tablilla y punzón, dibujos, pintura y terminado con encuadernación.

Los barbijos fueron distribuidos por el Padre Pepe

El antecedente solidario que tuvo lugar también en una cárcel de San Martín se dio en junio del año pasado, cuando los internos de la Unidad Penitenciaria 48 confeccionaron 2.800 tapabocas, los cuales fueron donados a los vecinos de los carenciados de la zona a través del cura José María Di Paola, más conocido como el Padre Pepe.


Los barbijos eran de tres talles distintos. Mil de ellos, los de niños, fueron llevados a las parroquias Inmaculada Concepción, San Juan Bosco y San Cayetano, de la localidad de José León Suárez.

Mientras que el resto fue repartido entre los vecinos de los asentamientos de la zona por la fundación Hogar de Cristo, del Padre Pepe, referente de los curas villeros y próximo al Papa Francisco.

Para la elaboración de los barbijos fue clave el papel de Carlos, un detenido del lugar, quien tiene conocimientos básicos en el uso de la máquina de coser y es el encargado de un curso no formal de costura que ofrece una capacitación a otros reclusos, y que se realiza de lunes a viernes, de 10 a 16.

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